Penumbria Amorosa by AA. VV

Penumbria Amorosa by AA. VV

autor:AA. VV. [AA. VV.]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Relato, Fantástico
editor: ePubLibre
publicado: 2021-02-14T00:00:00+00:00


El gigante de la calle Temalaca

Nadia Denau

México

Es así como se consuma la última transformación del gigante.

Su frente amplia se ha convertido en la roca más grande y lisa de la cima, albergando entre sus cejas varios nidos abandonados de zopilotes. Desde los pastos de la barba, un bosque de selva baja oculta pobremente innumerables ojos de tlacuaches y serpientes asechándose. Finalmente, después de tantas noches, el rostro del gigante de piedra roja es todo un pueblito salvaje.

Observo desde el asiento del copiloto el paisaje nocturno de pastos altos de mezquite. Vengo un poco incómoda, con la mochila de la universidad entre los pies. El aire que se filtra por los sellos defectuosos de la ventana me revuelve algunos cabellos sueltos. No me molesto en acomodarlos, tengo los ojos secos, fijos y sin pestañar. Estoy en medio de un viaje de despedida que no quiero que culmine. La nostalgia adelantada oprime mi pecho y me mantiene en silencio desde que subí al auto. Ninguno de los dos habla, por eso el paisaje sonoro del viaje se crea con sirenas lejanas de ambulancia y motores de camionetas que nos rebasan.

Desde la cabeza del gigante, las aves de rapiña observan los límites municipales y el pequeño cañón que llega hasta Campo Verde. En las faldas se dibujan la autopista y un vehículo que viaja sobre los bordes de la barranca hacia el sur. Al oeste, continuando su anatomía, se extiende una meseta: el pecho. El respirar del gigante sólo se delatada por los vientos cálidos que circulan periódicamente desde la cumbre, porque el pecho de roca ígnea crece muy lento, casi imperceptible. Los pliegues pronunciados de sus costados escarpados se interrumpen por uno de los brazos que se desprendió hace milenios de su pose en cruz. Ahora yace extendido como vestigio del derrumbe.

Iván conduce sereno y pensativo como siempre, incómodo con el silencio que le obliga a escuchar su propia respiración. Ya pronto vivirá lejos de estas ciudades y el deseo de la aventura nubla su empatía: los horizontes cambian, lo repite siempre. Interrumpe el murmullo eterno de las llantas para externar una duda que si aplaza más no podrá plantear. Este momento es único, mejor que la intimidad.

—Liz, hace un tiempo que cuando duermo experimento algo…

Detrás del coche, los contornos suaves de las montañas son develados por algunas lucecillas invasoras de las casas de interés social. La autopista se dibuja hacia el gigante sin saberlo, creando un camino que une a la gente de las dos ciudades, las cuales el enorme ser divide desde los inicios del mundo. El auto se dirige hacia la calle Temalaca, en donde le espera el departamento que Iván renta y la angosta cama individual que acogerá a la pareja por última vez esa noche.

El sonido de la voz de mi novio acalla los ruidos de la noche como efecto de conjuro. Parpadeo por fin saliendo del trance y me invade un nerviosismo raro. Sospecho que finalmente se ha evidenciado la verdad por mi contemplación y me emociono por presenciar los efectos de confesarla.



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